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jueves, 22 de mayo de 2008

EL ENFERMO ES LA VÍCTIMA


El estar enfermo significa no estar sano, pero estar sano no significa no estar enfermo. He aquí la pregunta que se hace cualquier ciudadano: ¿La enfermedad es un estado anímico, físico o social o es un conjunto de esos factores? Dígase lo que se quiera y exprésese lo que se sienta, hay una sola verdad al respecto: el que se encuentra de verdad enfermo, se siente enfermo y actúa como tal, tiene razones suficientes para exigir tratamiento y atención médica, derechos que en nuestro país son un mandato constitucional.

Al analizar la realidad actual de este tópico en nuestra tierra, encontramos que el enfermo recibe menos atenciones y dispone de menos recursos que el ciudadano sano; el enfermo, ambulatorio u hospitalizado, se encuentra en condiciones inferiores con respecto al ciudadano común y corriente que trabaja, vaga o disfruta de la vida. ¿Qué recibe el enfermo? no es la pregunta adecuada, esta debe ser: ¿Qué necesita recibir el enfermo? Son muchos los años que tenemos, los que nos ocupamos del oficio de la medicina en este país tratando de explicar a los pacientes y de hacerles entender que ellos no reciben las atenciones y recursos que necesitan como consecuencia directa de existir en nuestra nación una situación
político-social-económica que se ha dedicado al culto de la política, politiquería y politización de todas las instituciones y sistemas, creando e hipertrofiando una burocracia gigantesca que lamentablemente ha resquebrajado y destruido todas las estructuras y principios del sistema de prestación de salud a nivel nacional, estatal y municipal.

Es por eso y muchas otras cosas más, unas que se sospechan y otras que se conocen, que constantemente nos estamos preguntando: ¿Qué recibe el enfermo? ¿Por qué en la prestación de salud el enfermo siempre es la víctima? ¿Por qué es siempre el enfermo el que recibe los peores impactos de las huelgas de médicos, empleados, obreros y sindicatos? Después de hacer muchos análisis al respecto, la respuesta es una sola: LA FALLA DE LAS INSTITUCIONES. Como médico y como ciudadano me hago siempre esta pregunta: ¿Por qué han fallado las instituciones? La respuesta se ha dado y personalmente he escrito bastante al respecto: La razón de la falla de las instituciones es una sola: son los hombres los que hacen a las instituciones y no las instituciones las que hacen a los hombres. Son por ejemplo los senadores y diputados los que hacen al Congreso y es imposible pensar que el Congreso se ocupara de hacer o formar senadores y diputados; igual pasa con las instituciones hospitalarias, educacionales, ministeriales, bancarias y gubernamentales. De acuerdo a lo expuesto, es muy importante recordar que en el campo de la medicina la institución más importante y que requiere todas las atenciones es el enfermo.
El enfermo como institución siempre ha regido y condicionado a las ciencias médicas en todos sus aspectos, siendo la razón principal que esta institución está integrada por hombres, mujeres y niños que motivados por la afección que padecen van normatizando y exigiéndole a la comunidad y a los gobiernos los recursos indispensables para recuperar y mantener su salud.

Con el sentido profesional y, por qué no, con el del humor sano, volvamos al enfermo que se queja, y tiene razón si se queja de su enfermedad, teniendo el médico y personal paramédico la obligación de atenderlo y solucionarle sus problemas; pero la situación se hace grave cuando sobre el paciente empiezan a actuar los factores humanos, económicos y sociales, los cuales la mayor parte de las veces si no son solucionados u orientados en forma debida, complican las enfermedades, haciendo en muchas oportunidades completamente ineficaz el mejor diagnóstico y tratamiento médico. En este entorno humano-económico-social, se encuentra el nudo de la realidad de nuestros pacientes. No es cuando se queja por su enfermedad, es cuando deja de recibir lo que necesita en forma integral, como persona humana enferma, lo que le es indispensable para recuperar y mantener su salud y, lo más importante y decisivo en su situación de enfermo, sentirse y ser tratado como un ser humano mientras está pasando un trance, una situación de desajuste físico, emocional y social en el transcurso de su vida, en el tiempo que evoluciona de la enfermedad a la salud.

Es lamentable el estado de desasistencia en que se encuentran nuestros enfermos ambulatorios u hospitalizados, debido al tremendo desajuste, desorientación e incapacidad de nuestros organismos dispensadores de salud, y muy especialmente a la tremenda ignorancia que siempre han tenido y lamentablemente continúan teniendo nuestros políticos en relación al sector salud en todos sus aspectos; desde la medicina preventiva hasta la importancia de la protección del medio ambiente como factor indispensable para mantener la salud.

Nuestros enfermos siempre han sido y continúan siendo víctimas de la ineficacia, incapacidad e indiferencia de nuestros gobiernos. Pero lamentablemente, aunque los enfermos no dan votos para ganar las elecciones , todo el mundo siente y reconoce que una de las instituciones más sólidas, más sinceras, más humanas y también más olvidada y relegada es la institución de los enfermos. Es bueno siempre recordar que en el momento menos pensado, queriéndolo o no, puedes ingresar a formar parte de ella y, quizás entonces, pensarás en forma diferente.

Elías Rodríguez Azpurua

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