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martes, 1 de julio de 2008

EL PENE SABÁTICO



La viagra, esa pastillita azul que fue en principio ideada para los enfermos de disfunción eréctil, ha pasado a ser consumida por hombres de todas las edades, tengan o no esa enfermedad. El simple hecho de tirarse una noche de copas y juerga es excusa para utilizar la pócima porque hay que estar a la altura como sea.
He leído con pasmo que muchos jóvenes la toman para rendir en condiciones, porque no se permiten los pinchazos existiendo, como existe, el "milagro azul".

El consumidor ya no es sólo el hombre con una enfermedad que lo necesita, lo es el sano, el mayor, el joven, el cansado, el que está en forma, el que sale, el que entra... Todos se han acogido a esta barra de salvación, casi como una moda, a tenor de las ventas que reconoce su fabricante, Pfizer.

El sexólogo Santiago Frago plantea otra alternativa:

"Yo recomiendo a mis parejas el pene sabático durante una época: eso mejora enormemente la vida sexual; dispersar hace el juego erótico más divertido",

señala, y considera que las expectativas del encuentro íntimo son excesivamente exigentes hoy.

Sobre lo que piensan las mujeres de la viagra, dice:

"Así como las de edad más avanzada no ponen ningún reparo al uso de medicación, quizá porque son conscientes del delicado estado de salud de sus maridos, las más jóvenes lo llevan bastante mal. Piensan que no son ellas el estímulo, que sólo les pone la medicina".

Según este sexólogo, es natural que en los muy jóvenes existan ciertas dificultades de erección, y en ellas, cierto vaginismo y dolor. Pero éstas son dificultades, no enfermedades. "De la misma manera que tampoco es una enfermedad -señala- no tener deseo. Y no se acepta no tenerlo".

Como bien decía en el miso reportaje el actor porno Max Cortés, "vivimos en la cultura de la pastillita: para adelgazar, para tranquilizarse, para dormir, para follar..."
¿Para qué esforzarse en nada?

Enviado por Shemirramis
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