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martes, 16 de diciembre de 2008

EN CAIDA LIBRE


Hay momentos que entramos en zona de turbulencias , el fuselaje cruje, el rumbo se hace impreciso y los vientos nos sacuden inclementes, si nuestros motores están en forma, aumentamos potencia y nos elevamos por encima de la tormenta, pero el diablo siempre ataca en los peores momentos.

Hace unos meses que mi nave es presa de de una terrible tempestad, los rayos me ciegan, los truenos me aturden y los vientos me arrastran como a una hoja seca. Los motores están incendiados y la aguja de combustible marca cero. He planeado durante semanas manteniendo la nave estabilizada, pero en esos momentos estoy entrando en picado.

De nada sirvió el piloto automático, hace tiempo que me percaté de que me llevaba por un rumbo equivocado y he tenido que tomar los mandos. El fuselaje amenaza con partirse mientras nos precipitamos en caída libre contra el suelo. Me aferro a los mandos desesperadamente intentando estabilizar el vuelo, tiro hacia arriba con todas mis fuerzas, pero mis manos se descarnan mientras los cristales de la carlinga saltan en pedazos, solo el cinturón evita que salga disparado.

Escucho los gritos del pasaje, han confiado en mí, y no puedo fallarles, el hielo me destroza la cara y a penas puedo ver la pista.

En un último esfuerzo tiro del estabilizador con los brazos entumecidos y el morro se eleva, faltan escasos metros para tomar tierra y logro desenclavar el tren de aterrizaje. El choque es brutal el avión se arrastra sobre la pista entre un mar de chispas, la cabeza parece arrancárseme del cuerpo cuando de golpe el jet se detiene. Todo se va apagando a mi alrededor mientras escucho las sirenas aullar en la lejanía…

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