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miércoles, 4 de marzo de 2009

MUSA EN ESPIRAL


Tomás Corona
“No hemos sido patentadas, ni traemos al nacer un instructivo, somos más que hormonas y calores, más que pedazos de un hueso supernumerario, o la confirmación del racismo en el mundo. Somos más, mucho más que eso…”

“Benditas las mujeres que se enamoran, las hechiceras de la noche, las que comparten el fuego de las bodas del cuerpo en la consagración de la piel”
Lina Zerón
 
Lina Zerón irrumpió nuestra noche intempestivamente, mientras arreglábamos el mundo por enésima vez; llegó signada por el azar, con su lúbrico nombre, sonriendo en la portadilla de un libro bajo el brazo de Roger Ojeda, ataviada con el tisú de sus versos y sus caireles hirsutos de Afrodita concupiscente. Entonces nuestro bacanal bohemio se detuvo para escucharla, a través de otra voz, y su recalcitrante prosa poética nos caló hondo, luego siguió la charla ditirámbica hacia otros universos más lúdicos, menos estresantes, pero igual de complejos, que los seres pensantes nos empeñamos en desmitificar.
Pero Lina no es de las que se olvidan fácilmente, no es como esas “poetillas” cursis y pedantes que abundan por allí, sentadas en su aposento de geranios y alhelíes esperando que la musa poética las estruje y las arroje al abismo de la fama o al infierno de la gloria. Lina no, basta leer algunos de sus poemas para percatarse de que es, al mismo tiempo, la princesa y la bruja del cuento, la lujuria y el candor, el fulgor de la llama y la ceniza, el misticismo y la más cachonda liviandad, ha logrado en su obra la excelsitud del claroscuro y, simultáneamente, la prodigiosa gradación multicolor de la palabra, en fin, es de esas poetas de oficio, polifacéticas y prolíficas, que voluntariosamente asumen una conciencia planetaria y logran adquirir su pase automático a la inmortalidad. Visite su página electrónica y lo comprobará http://www.linazeron.com/
Ensimismado en aquel mundo caleidoscópico que recién descubría, seguí leyendo subrepticiamente otros poemas suyos y la fascinación que ejerció en mí su canto de sirena me hechizó para siempre. ¿Cómo negarse a esa voz que te incita a redescubrir el amor en cada pliegue de sus matices grafo-fónicos y simultáneamente te seduce provocándote una sensación de desasosiego, de rebeldía, que tarde o temprano acabará con la injusticia? Aquel pequeño libro era en realidad un código palmario para descifrar eso que los mortales queremos decir pero no sabemos cómo y sólo a los dioses y diosas les es conferido el don para expresar con palabras simbólicas, categóricas, fehacientes, recalcitrantes, impetuosas, poéticas, puras; el malestar del mundo, los avatares del amor y desamor, la procuración del bienestar común, la perpetua búsqueda de la felicidad.
La “Antología imprescindible” de Lina Zerón es un mosaico literario bordado con perlas de Ormuz y púrpuras de Ofir donde confluyen, desde una “espiral de fuego”: el desarraigo de los indígenas (“Días núbiles”); la dolorosa contienda del exilio (“Matices”); la escarnecida patria(“Oda mayor”); la agridulce sensación del desamor (“Sin rumbo”); la sublevación a la ausencia del otro (“Vigilia”); el celeste fantasma confinado al claustro mortuorio de la desesperanza (“Norte alucinado”); la virgen cautiva en el círculo infinito del placer-dolor(“Terra-nova”); el arte amatorio metamorfoseado en ruina amorosa (“Nada es para siempre”); la deliciosa faena de la infidelidad (“De mí”); la asombrosa capacidad de dejar el lastre convertido en piel (“Mudar de piel”); la presa cautiva en la vorágine pasional (“Para negar tu amor”); la doncella iluminada por el placer de florecer (“Florescencia”).
Y entre
“moradas mariposas” aleteando en un paraje de flagelos y besos, de agravios y victorias, de júbilo y abatimiento, reverberan: la flora y la fauna alucinantes y una mujer transfigurada, emancipada de sí misma (”Moradas mariposas”); la enigmática feminidad en contradanza amorosa y libertaria (“Mujeres”); el ultraje de la carne que anuda a la tierra(“Cortesana”); la plegaria que indulta al sexo débil (“Talibán II”); la clara conciencia de habitar en un país jodido (“Un gran país”); la imploración por un mundo sin prejuicios(“Oración”); la dolorosa muerte de los niños en la horrísona guerra (“Belgrado”); la prematura caída en el infierno beligerante (“Palestina”); el infranqueable sucumbir ante la plaga inexorable de la expiación absurda (“Alas de muerte”); la difuminación de los valores universales en el éter del olvido (“Palabras desconocidas”); el interjuego en contrapunto del amor que perdona (“Ahí, donde”); la prematura vejez de rota lozanía (“Adiós juventud”); la reflexión florecida de un extraño amor que resplandece (“Antes de amarnos”); la doliente disensión de una hembra herida por el desafecto (“Nacida muerta”); la gestación de un amor sublimado en sí mismo (“Recién nacido amor”); la locura de lo prohibido en devaneos de placer (“Extravío”); el triángulo amoroso que hiere como espada al corazón amante(“Resucitado recuerdo”); la rutina que aniquila lentamente la pasión amorosa (“Cenizas”); el juego de palabras en soliloquio (“Nada sin ti”); el sonoro beso humedecido que decanta eufonías (“Brizna de verano”); el poderío embriagador de la seducción femenina (“Diva perversa”); simbiosis proyectiva de la exacta dimensión del erotismo (“Cumbre”).
Hasta aquí llega mi atrevimiento de intentar descifrar los caudalosos versos de una escritora prístina, auténtica, hiperbólica y trashumante que habita en un bucle inmarcesible y se desliza, ya sin retorno, hacia la perpetuidad. Los otros poemas de su
“Antología imprescindible” quedan para la degustación de los lectores. Gracias Lina por tu feminidad, tu acendrado himeneo con la poesía, por tus orlas de amor y tu fino brocado metafórico tejido con paciencia, dulzura, valentía y pasión en tu rueca prodigiosa; sin soslayar el anchuroso manto que ha forjado tu fe en un mundo mejor, más justo y más digno para todos.
www.laquincena.info
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