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domingo, 3 de mayo de 2009

MAMÁ...



Mi querida mamá, desde tus noventa años todavia me cuidas, me mimas me vigilas. Todavia me llamas cuando estoy constipado y me preparas la paella cada fin de semana. Tienes la fuerza de la juventud, la energia de tu sangre aragonesa y la belleza que aún conservas a pesar de las penas y los sufrimientos.

Nuestra relación no ha sido facil, fui un niño rebelde, contestón, mal estudiante. Siempre llegaba a casa con las rodillas negras y la ropa manchada, a veces con la cabeza y la cara llena de sangre. A veces incluso te aguanté la mano cuando pretendias darme una bofetada. Te dí muchos disgustos con mis juergas nocturnas, mis borracheras y mis devaneos con las drogas. Te desobedecí en todo lo que pude y amargué la vida a tu otro hijo, ( y hermano mio) hasta llegar a la bronca continua.

Pero todo ello lo hacia por llamar tu atención, para que me miraras, para que dejaras el trabajo un rato y me contaras un cuento o me acunaras en tus brazos, siempre te quise con un amor inmenso, y ahora que aún tengo la suerte de poder decirtelo mirandote a los ojos, te digo que te quiero, que siempre te he querido, que aun en los momentos dificiles, cuando yo buscaba mi camino y tu me empujabas en contra de mi voluntad por la senda correcta, te queria.

Hoy eres un ejemplo de la alegria, la fuerza y las ganas de vivir que se puden disfrutar a pesar de los años. Por eso y por millones de cosas que guardo en mi corazón. Por aquella niñez maravillosa cuando te espantaba a los moscones que te piropeaban por la calle, cuando me levantaba por la noche fingiendo tener miedo para poder arrebujarme entre tus brazos y tu me acojias como si todavia fuera un bebecito, por todo ello te dedico este poema, me hubiera gustado escribirte uno de mi puño y letra, pero a veces las palabras y las letras se quedan atravesadas en el corazón, pero este soneto que Joan Manuel escribió a su madre, me permite decirte cosas que yo no sabria expresar mejor. TE QUIERO MAMÁ.


No es que no vuelva, porque me he olvidado
de tu olor a tomillo y a cocina.
De lejos, dicen que se ve más claro,
que no es igual quién anda y quién camina.

Y supe que el amor tiene ojos verdes,
que cuatro palos tiene la baraja,
que nunca vuelve aquello que se pierde
y la marea sube y luego baja.

Supe que lo sencillo no es lo necio,
que no hay que confundir valor y precio,
y un manjar puede ser cualquier bocado

si el horizonte es luz y el rumbo un beso,
No es que no vuelva porque me he olvidado:
es que perdí el camino de regreso,

Mamá...





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