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jueves, 14 de mayo de 2009

SUEÑOS HÚMEDOS







Me desperté de madrugada, estaba inquieto y no había parado de dar vueltas en la cama. Allí estaba ella, lánguida y hermosa, dormida como un ángel en el paraíso. Respiré su cálido aroma, ese perfume natural e inconfundible que me haría distinguirla entre millones de hembras y algo se removió entre las sábanas. La destapé cuidadosamente, no quería despertarla, la noche era tibia y apenas una blusita velaba sus encantos.



Separé con delicadeza las dos piezas que la cubrían, los senos se elevaban al compás de la respiración, como ofreciéndose generosamente a mis labios, eran claros y tiernos como panecillos recién orneados coronados por fresas doradas. Su vientre femenino y cóncavo acababa en el monte de los deseos, alfombrado por un césped oscuro que se perdía entre los muslos cruzados.



Recorrí con mi dedo el sendero desde el ombligo hasta el pubis, y sentí un ligero temblor, se volteó ligeramente y el cáliz de su rosa quedó al descubierto. En esos momentos me invadió un fiero deseo de poseerla, pero no era el momento. Separé con mimo sus columnas plateadas y sentí palpitar su copa ya semiabierta.





Deslice la palma de mi mano sobre su bosque encantado y la suave caricia me invadió todo el cuerpo, mis dedos se enredaron en su espesura mientras mi ariete pugnaba por escapar de la prisión que le oprimía. Al llegar a la sima, mi dedo se hundió en las húmedas profundidades y sentí como todo su cuerpo se estremecía, me detuve un instante temiendo despertarla, pero volvió a dormitar con una dulce sonrisa.



Acerqué mi lengua a sus mágicos fresones, y casi sin rozarlos, los envolví en una suave caricia, al sentir mis labios, se alzaron orgullosos como pidiendo guerra. Me recreé, acariciando sus pechos suaves como tórtolas, mientras los dedos rozaban las areolas de sus pezones que florecieron como capullos de rosas. Su respiración se agitaba con una suave cadencia. Mi dedo se introdujo más profundamente, buscando el botón dorado que se escondía en las profundidades, la entrada estaba empapada, y su fuente empezó a manar con abundancia, dos de mis dedos, aprisionaron suavemente su pistilo y lo masajearon lenta y ausadamente. Su aliento se era cada vez más agitado, las mejillas se tiñeron de arrebol, y los labios se entreabrieron jugosos. Segui acariciándola rítmicamente. De repente, su vientre se alzó y las paredes de su corola empezaron a cerrarse espasmódicamente sobre mis dedos.



Un gemido lánguido e intenso surgió de su garganta, mientras yo besaba delicadamente sus pechos en el momento del climax. Sentí una oleada de fuego recorrerme la columna, y una fuente de lava ardiente explotó entre mis piernas. Me dí la vuelta y caí rendido en un sueño profundo. Al despertar, creí que todo había sido un sueño, pero un dulce recuerdo entre las sábanas me confirmó que todo había sido real, pero que muy real.

JUANMAROMO

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