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martes, 23 de junio de 2009

EL MAL VANALIZADO




JOAN BARRIL

Una banda de asesinos te mata al marido y lo mejor que puede hacer la viuda es sufrir en silencio. Si alguien ha de hablar, que sea cualquiera menos la viuda. Así ha opinado la dirección del PNV ante las honras fúnebres del inspector Puelles. También en la India, y hasta hace muy poco –el último caso tuvo lugar en el 2006–, un tenebroso ritual llamado sati llevaba a las viudas a ser incineradas vivas en la pira en la que se consumían los restos de su esposo. Cabe imaginarse a la esposa del inspector Puelles, con quien ha dormido y ha desayunado, recibiendo la noticia de la cruel muerte de su marido. ¿Qué le queda a esa viuda sino la palabra?
Pero para algunos es mejor que las viudas no hablen, y menos en público, y mucho menos con un micrófono, porque la palabra de viuda, por lo visto, puede exacerbar los ánimos de la población. En otras palabras: que la palabra de una viuda es mucho más ofensiva que la bomba. Será que la bomba no provoca indignación ni dolor. Será que en la lógica de algunos políticos perplejos, el Mal no está en quien mata, sino en aquellos que no se resignan a enmudecer junto a las llamas que acabaron con el marido.
En todas las culturas se sabe lo que es el Bien, la solidaridad, el respeto, la abnegación y la ayuda mutua. De la misma manera, creíamos saber lo que era el Mal. Dábamos por supuesto que el Mal forma parte de la humanidad entera, pero que el Mal avergüenza a los que lo practican. Por lo visto no es así. En los últimos dos días hemos visto cómo la mala fe y el desprecio por los ciudadanos entraba en una extraña balanza. Más allá de los habituales e incomprensibles gestos con los que el entorno de ETA acostumbra a mirar hacia otro lado cada vez que hay muertos de por medio, lo cierto es que el Mal se ha banalizado.
Bombardeos arbitrarios, presos sin cargos, malos tratos cuyas víctimas alienadas interpretan como actos de amor. Todo eso forma parte de la gran tragedia humana. Pero ya no se saben las fronteras entre el delito y la travesura. De ahí que en estos dos días hayamos visto cosas inauditas como, por ejemplo, que un ladrón como el Dioni haya conmemorado en una fiesta pública el 20° aniversario de su gran golpe con una tarta que representaba el furgón de caudales de donde se había llevado el dinero. Y hablando de dinero: ¿dónde tiene usted su fortuna, Dioni? Y el héroe respondió: «¡No se lo dije a la Guardia Civil y ahora te lo voy a decir a ti!».
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