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jueves, 4 de junio de 2009

LOS PAPELES DEL HAMBRE

Como era de esperar, en los últimos tiempos, la mal llamada “crisis” ha quitado los bozales a los doberman de siempre, dispuestos a tirarse a la yugular de cualquier emigrante que pase al alcance de sus fauces. Es triste pensar que ninguna ideología, llámese socialismo, anarquismo o cristianismo, ha podido desarraigar nuestro instinto tribal. Las raíces ancestrales del saurio permanecen al acecho en las profundidades del cerebro y rugen en cuanto se les abre una brecha.

Cuando leía la noticia del siniestro de Air France en un diario, me llamó la atención el énfasis que se daba a la posibilidad de que dos españoles viajaren en el avión. Y yo me pregunto, ¿es que el dolor de los franceses es diferente del nuestro? ¿Es que hablar un idioma diferente nos hace diferentes?. Trescientas personas se daban por desparecidas pero la noticia estába en si había o no españoles en el vuelo.

Todo esto viene a cuento por los comentarios que últimamente inundan determinados medios y que se expanden como regueros de pólvora por la población, los inmigrantes son los culpables del caos de la seguridad social, de los fraudes al seguro de desempleo y de cualquier delito que se cometa en la calle. Cuando hace un par de años nadie encontraba camareros, basureros o transportistas españoles dispuestos a hacer estos trabajos, los foráneos eran recibidos con los brazos abiertos, iban a ser la solución de nuestras pensiones futuras y los adalides de la lucha contra la inflación. Me ha sorprendido escuchar en boca de un empresario que hasta hace unos meses explotaba a sus “sin papeles” y que se ha enriquecido a su costa, que la madre de todas las desgracias es la inmigración.

El emigrante siempre será una víctima, jamás un verdugo, los auténticos culpables están aposentados en sus poltronas blindadas por contratos multimillonarios o en los paraísos fiscales viéndolas pasar mientras degustan unos canapés de Beluga con unas copitas de Dom Perignon.

¿Hasta qué palmo de la tierra soy un ciudadano y a partir de cual me transformo en un inmigrante?. Hasta hace unos años, cruzar los Pirineos sin pasaporte te transformaban en un “sinpapeles”, hoy podemos trabajar por toda Europa en plenitud de derechos. ¿Cruzar el estrecho o el océano te transforman en otro hombre?.

En los años 20 y 50, oleadas de murcianos y andaluces llegaban en los trenes patera a La Estación de Francia en Barcelona con las maletas cargadas de esperanzas, encontraron el pan y el trabajo que les negaba su tierra, hoy sus hijos niegan el mismo derecho a otros que vienen huyendo del mismo hambre y de la misma miseria, pero como me contestaba uno de estos "ex-inmigrantes", ¡¡ Nosotros teníamos papeles!!.


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