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viernes, 19 de junio de 2009

VICENTE FERRER HA MUERTO





EDWIN WINKELS
BARCELONA

Vicente Ferrer falleció esta madrugada en su casa de Anantapur, una de las zonas más depauperadas de la India, No estaba solo. Le acompañaban en su camino hacia el postrer adiós su mujer, Anne, sus hijos y los médicos y enfermeras que él mismo había contratado para cuidar de los pobres de esa árida región meridional de la India. Sus allegados ya habían advertido horas antes que la muerte de Ferrer era inminente. Finalmente se produjo a la 1.15 de la madrugada, hora española.
Después de una larga vida entregada a los más pobres entre los pobres de la India, al exjesuita y cooperante catalán, de 89 años, no solo le acompañaban sus más íntimos allegados. A más de 8.000 kilómetros de distancia, en Barcelona, centenares de mensajes procedentes de toda España y Latinoamérica invadían el buzón de correo electrónico de la fundación que lleva su nombre. Tampoco dejaban de crecer los apoyos a la candidatura de la Fundación Vicente Ferrer para el Premio Nobel de la Paz, promovida en Facebook y que, al cierre de esta edición, contaba con 13.200 adhesiones.
Un comunicado en la web de la fundación dio la alarma ayer al mediodía. «Durante la pasada madrugada, Vicente Ferrer ha sufrido serias complicaciones respiratorias y su estado es muy delicado. El equipo médico que lo está atendiendo en su casa, en Anantapur, informa de que se encuentra sedado y tranquilo». Su hijo y sucesor al frente de la fundación, Moncho Ferrer, declaró a EFE: «Se encuentra en estado crítico, pero no está sufriendo. No está muy consciente».

SIN PODER HABLAR / Ferrer, la última persona distinguida como Català de l’Any en la elección popular organizada por EL PERIÓDICO, sufrió a mediados de marzo una embolia cerebral que le mantuvo ingresado en un hospital varias semanas. Recuperó la consciencia, pero ya no la salud. Pidió que le trasladaran a su casa de Anantapur, donde permanecía en cama desde entonces. De hecho, nunca se llegó a recuperar de la embolia. Tenía medio cuerpo paralizado y no podía hablar, explicó ayer Inés Milà, directora de la Fundación Vicente Ferrer. El desesperanzador pronóstico médico llevó a muchos de sus admiradores a aceptar ya su muerte. «Vicens, pese a que cierres los ojos para descansar e irte de nuestro lado, no pienses que nos dejarás en la añoranza, que sepas que nunca te irás y que siempre estarás entre todos los que tanto te hemos querido y admirado», decía uno de los mensajes en la web. Y otro: «Gracias a ti nuestra fe sigue viva. Aunque nos dejes, tu legado ya está vivo para siempre. Qué envidia haber podido dar tanto como tú».
Con esos mismos argumentos más de 13.000 personas piden en Facebook (http://apps.facebook.com/causes/210215?m=94c030c1) la concesión del premio Nobel de la Paz a la Fundación Vicente Ferrer, iniciativa que promueve también EL PERIÓDICO.
Nacido el 9 de abril de 1920 en Barcelona, Ferrer llegó en 1953 a la India. En 1968, el Gobierno quiso expulsarle del país por considerar que su popularidad entre los pobres de la ciudad de Manmad constituía una amenaza al orden establecido. Indira Gandhi le permitió regresar al poco tiempo y, desde 1969, Ferrer dedicó sus esfuerzos a la gente de Anantapur, que en el idioma local significa ciudad del infinito. Allí, en su casa en el complejo del Rural Development Trust que hizo construir, dio en marzo su última entrevista a este diario. «Si estoy vivo, es por los milagros», dijo.


EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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