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viernes, 21 de agosto de 2009

FIBROMIALGIA, VÍCTIMAS Y VERDUGOS

Y sin la pensión de invalidez, Eva María no recibe ingresos económicos. "Es injusto. Tengo dos hijos a los que alimentar y no puedo trabajar. Lo que más me gustaría es poder hacer una vida normal, llevarlos al colegio, irme a trabajar y luego llevarlos a jugar al parque. Ahora no sé cómo voy a seguir adelante. He llegado al límite de la desesperación", confiesa.

Sus lágrimas resbalan por su rostro sin descanso. De momento, sobrevive con la paga de viudedad de su madre, Cándida, con la que viven ella y sus dos hijos, Aarón e Izan. 600 euros para los cuatro. El padre no les pasa la pensión alimenticia que acordaron, según denuncia Eva María. "La otra noche tuve que hacerles a mis nietos patatas hervidas y un huevo. No había nada más en la nevera", recuerda compungida Cándida.

Lleva 20 años luchando contra una fuerte depresión. Y su estado ha empeorado desde que falleció su marido, a causa de un cáncer de esófago. Ahora su hija está en huelga de hambre. "Ya no puedo más. No come ni bebe y se ha dejado el tratamiento. Si sigue así le dará algo. Y dice que, aunque empeore, no piensa ir al hospital", lamenta abatida Cándida.

Eva María no está dispuesta a aceptar la resolución de la Seguridad Social. "Tengo más de 40 informes favorables del traumatólogo, de la psiquiatra y de otros muchos médicos. Y en sólo cinco días me han contestado que no. Es imposible que se hayan leído todo el historial. Voy a recurrir, aunque no tengo esperanza. Me lo volverán a desestimar y no puedo meterme en juicios. Y con lo que tardan en resolverse, nos morimos antes todos de hambre", admite conteniendo el llanto. Sus hijos corretean alrededor de su cama e intenta evitar que la vean siempre triste. "Si sigo aquí es por ellos", confiesa sin dejar de mirarlos

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