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viernes, 13 de noviembre de 2009

El parvulario español



JOAN BARRIL

Cuando los gobiernos o los parlamentos dicen cosas incomprensibles, algo se nos quiebra en el alma democrática. Es lo que sucede con la cosa de la Junta de Extremadura, ya saben: El placer está en tus manos, una frase poética que intenta desculpabilizar a los jóvenes extremeños de los efectos de la masturbación. Hace muchos años, cuando los primeros partidos políticos se presentaban a las primeras elecciones, el PSUC se estrenó con un magnífico cartel en el que aparecía un trabajador con las manos extendidas. Bajo la imagen, junto a las siglas, se podía leer: Mis manos, mi capital. Ya ven en lo que ha quedado la historia de las manos. Un Gobierno que se dice de izquierdas apela a la felicidad de sus jóvenes recordando que las manos ya no son el capital de nadie, sino unas espléndidas herramientas para el placer. La iniciativa que intenta liberar a los jóvenes extremeños de la leyenda negra de la masturbación se va a desarrollar en unos denominados «talleres de onanismo», en recuerdo de aquel personaje bíblico llamado Onán que fue obligado por la ley del levirato a tomar por esposa a la viuda de su hermano. Onán, consciente de que los hijos concebidos con su cuñada serían atribuidos a su hermano, prefirió interrumpir el coito y malgastar su semen en el vacío. Desde entonces, el mundo se ha llenado más de hijos que de onanistas.
Lo que realmente es sorprendente por parte de la Junta de Extremadura es que esa placentera formación dedicada al placer solitario se imparta en unos denominados «talleres». Por fin hemos caído en la cuenta del verdadero significado de aquella críptica frase de la zarzuela de Sorozábal La del manojo de rosas, cuando Joaquín le canta a Asunción aquella pregunta filosófica que dice: «Hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo». Y Asunción le responde: «Eso es muy alarmante, eso yo no comprendo». Ahora ya sabemos a qué se va a los talleres: a darle a la entrepierna con el trabajo manual patrocinado por la Junta de Extremadura. Es divertido y, si ustedes quieren, un tanto procaz. Pero lo que nos alarma es que las administraciones consideren que todos somos menores de edad y que algo tan antiguo como el placer solitario deba tener el apoyo institucional de esos talleres de curiosas manualidades.
No es ese el único gesto de despropósitos de estos días. El proyecto de ley del audiovisual que se debate estos días en el Congreso de los Diputados prohíbe la transmisión de los llamados juegos de azar. De aprobarse la ley tal como está previsto, se acabó lo de la ONCE y la juerga lotera de los niños de San Ildefonso con el gordo de Navidad en juego. Cabe suponer que, siguiendo con esa lógica infantiloide, la televisión pública española permitirá la publicidad de condones –y bienvenida sea–, pero acabará con los bombos de la suerte. Es evidente que en este país se necesita un carnet de capacitación para cualquier tontería, pero cualquiera vale para hacer de legislador. Si se prohíbe una vez al año la transmisión de la lotería de Navidad por el riesgo de la población a convertirse en ludópata, puede también prohibirse el anuncio de El Almendro por aquello de la obesidad y de la hipoglucemia. No nos protejan más, por favor. O, en todo caso, que nos protejan del ridículo de sus leyes siempre restrictivas, siempre innecesarias, siempre absurdas.
Si el placer está en nuestras manos, el sentido común, ¿en qué manos ha ido a caer para sonrojarnos con tanta tontería?
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