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viernes, 22 de enero de 2010

Serrat vuelve a poner música a 13 textos de Miguel Hernández


Joan Manuel Serrat, ayer, en Madrid, en la presentación del disco. Foto: AGUSTÍN CATALÁN
Joan Manuel Serrat, ayer, en Madrid, en la presentación del disco. Foto: AGUSTÍN CATALÁN
MERCEDES JANSA
MADRID
Casi 38 años después del celebrado disco que popularizó a Miguel Hernández al final de la dictadura franquista, Joan Manuel Serrat ofrece una nueva lectura sobre la obra del poeta alicantino. Su nuevo trabajo, titulado Hijo de la luz y de la sombra, contiene 13 nuevas canciones que formarán parte de una gira con motivo del centenario del poeta, que se iniciará en Elx el 27 de marzo, la víspera de que se cumplan 68 años de su muerte por tuberculosis en la cárcel de Alicante, tras dos años preso y una primera condena a muerte luego conmutada.
La gira finalizará en Orihuela a finales de octubre y aún faltan fechas por cerrarse, aunque el pasado 17 de diciembre el propio Serrat afirmó a este diario que recalará en Barcelona en julio, en el Teatre Grec.
La idea inicial de Serrat de musicar algunos poemas de Hernández se transformó en un nuevo disco al calor del interés de diversas instituciones –especialmente el Ayuntamiento de Elx, depositario del legado hernandiano– por recuperar la memoria del poeta nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910.

MALA SUERTE / El alcalde ilicitano, el socialista Alejandro Soler, y el cantautor barcelonés presentaron ayer en Madrid el disco y las actividades del centenario que patrocina el consistorio, en un intento por universalizar la figura y la obra del poeta del pueblo.
Como dijo Serrat, el autor de Vientos del pueblo «ha tenido tan mala suerte que en el año de su centenario le pilla la crisis económica». Al menos siete instituciones aportarán dinero para exposiciones, conferencias, recitales –en abril actuará en Elx Paco Ibáñez– y un congreso internacional.
«No se pueden poner en paralelo», afirmó Serrat refiriéndose a los dos discos, ya que el tiempo no pasa en balde y él también es una persona distinta a la de hace cuatro décadas. Para este nuevo reto, Serrat ha tenido «necesidad» de releer toda la obra del poeta alicantino y descubrir su carácter «intemporal» que le da un aire actual a la obra hernandiana. «A todo se le puede poner música», afirmó el cantautor, «pero lo que cuenta es la capacidad de emocionarse». En todo caso, en su opinión Hernández fue un poeta «sumamente musical».
Tras aquel disco de 1972, ilustrado solo con la foto y el nombre del poeta sobre fondo negro, que incluía Nanas de la cebolla, Para la libertad o Menos tu vientre, Serrat ha elegido 13 textos poco conocidos, algunos de los primeros escritos del poeta como La palmera levantina, otros posteriores como Versos de hijo o La lección del esposo soldado y fragmentos de obras teatrales. Y, por supuesto, el que da título al disco, a la venta el próximo 23 de febrero y en cuya portada predominan el negro y el rojo y aparece, esta vez sí, el nombre del autor de Mediterráneo. Los arreglos, como es habitual, han sido realizado por Joan Albert Amargós. Pese a lo que se había dicho hace unos meses, el disco no incluye un dúo con el cantaor Miguel Poveda.
Serrat se ha acercado siempre a Hernández «sin objetividad y con gran admiración». Lo descubrió cuando inició sus estudios en la Universitat de Barcelona, en ediciones llegadas de América Latina. Cuando conoció más la vida de este alicantino de origen humilde, aún le emocionó más descubrir su obra atravesada por la «capacidad de enfrentarse a la derrota y seguir adelante».

EVOLUCIÓN / Serrat destacó la evolución literaria del poeta pese a su muerte prematura y las dificultades que tuvo para acceder a la mínima educación. «Es distinto ser maestro de escuela que pastor de cabras», respondió, cuando se le pidió elegir entre Hernández y Antonio Machado, del que también popularizó su obra al ponerle música. Cuando salió a la venta en 1972, Serrat le llevó su primer disco de homenaje a la viuda del poeta, Josefina Manresa, que no tenía tocadiscos. Para el actual ha tenido que lidiar con Lucía Izquierdo, nuera del poeta, que como el resto de la familia, vive en Elx.
La vinculación de esta ciudad con el poeta se remonta a 1931, cuando el Coro Clavé (orfeón ilicitano) le concedió el primer y único premio que Hernández recibió en vida, por un poema titulado Canto a Valencia. Posteriormente, su viuda se trasladó a vivir a la ciudad de las palmeras y allí se encuentra enterrado su segundo hijo, Manuel Miguel, destinatario de las famosas Nanas de la cebolla.


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