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miércoles, 3 de febrero de 2010

Coacciones y crueldades



JOAN BARRIL

Uno de los diálogos más significativos del libro de Saint-Exupéry El principito es cuando el protagonista de la historia se acerca a los asteroides 325 y siguientes y allí, sentado en uno de ellos, se encuentra con el rey. El rey le reconoce como súbdito, porque todos los reyes dividen el mundo entre ellos y el resto de la gente, a la que consideran, pues eso: súbditos.
En un momento de la conversación el principito le pide al rey que ordene una inmediata puesta de sol porque le apetece contemplarla. El rey, tras unos momentos de vacilación, le dice al principito: «Si ordenara a un general volar de una flor a otra como una mariposa, o escribir una tragedia o convertirse en gaviota, y si el general no ejecutara la orden recibida, ¿quién estaría en falta, él o yo?» El rey se pierde entonces en una reflexión sobre el poder razonable. El principito se impacienta: «¿Y mi puesta de sol?», le dice. Y el rey, tras consultar el calendario, le dice que tendrá su puesta de sol cuando las condiciones sean favorables. «¿Y cuándo será eso?», insiste el principito. Y el rey le dice que será a las 7 y 40 minutos de la tarde. Solo entonces el Sol le obedecerá.
Es evidente que el rey tiene el poder. Pero no se trata del poder arbitrario, sino del poder de la información. Solo él sabe el horario de los movimientos astronómicos. Solo él puede decidir lo que la naturaleza ya ha decidido. Cuando llegue la hora, el principito y los otros súbditos se sentirán fascinados por el poder que significa anunciar el futuro y que ese futuro se cumpla. Esa es la gran trampa del poder. Se trata de una trampa que practican los corredores de bolsa con información privilegiada, esos que compran a la baja porque saben que poco después los valores comprados subirán como la espuma. Es la misma trampa de los políticos que inventan soluciones para problemas falsos y así quedar como seres providenciales. Es lo que ha hecho Carretero con su frívola dimisión de fin de semana. Se va para asustar a los suyos y luego regresa diciendo que era broma. Desde los tiempos de los chamanes y los adivinos primitivos, el conocimiento del futuro ha significado poder, respeto y admiración.
Pero eso se está acabando. Se nos había dicho que Obama vendría a España como quien espera a los Reyes Magos, pero entre el deseo y el futuro se cruzó su agenda y Obama ha seguido los pasos de aquel Mister Marshall que jamás dejó su rastro ni sus millones en la España de la autarquía. El futuro es voluble y líquido y ni siquiera el máximo administrador del mundo puede sincronizar sus deseos.
Sin embargo, ayer asistimos a una manifestación de unos nuevos reyes aéreos. El sindicato de controladores aéreos SPICA anunció que las vacaciones de Semana Santa serán un caos si el Ministerio de Fomento no abandona la idea de reducirles el abultado sueldo que perciben. No es una decisión en caliente. Estamos a primeros de febrero y la Semana Santa será a primeros de abril. Pero los mismos que nos anuncian el caos son los que van a propiciarlo. Eso es poder de verdad. El poder inmoral de castigar a los ciudadanos a quedarse sin vacaciones. La coacción del privilegiado. La patada al Gobierno en el culo de la gente. Los controladores están dispuestos a descontrolarse para demostrar que quien paga no siempre manda. El poder democrático ha cedido paso al poder del más fuerte. Pero lo trágico es que nos amenacen con tanta antelación, como si no hubiera nada que hacer y las puestas de sol no fueran negociables.
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