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viernes, 23 de abril de 2010

LA CHICA DEL SUJETADOR A RAYAS


Acababan de ponerle gasolina a su coche. Entró en la tienda mientras aquel chico rubio, tan estupendo, al que no había visto nunca, terminaba de cerrar los trastos de su coche. Detrás del chico rubio, entraba en la tienda un individuo que a punto estuvo de morir en el intento. Al pronto la verja de la tienda le cayo delante de las narices. El chico rubio se disculpó de mil maneras. Llevaba el mando a distancia de la puerta en el bolsillo, y vaya usted a saber que parte de su anatomía oprimió el botón de la cancela.
Mientras ella ponía todas sus tarjetas en el mostrador, se daba cuenta el que el vendedor estaba muy nervioso, y el hombre “no fallecido” no le perdía ojo.
Salió guardando el monedero en el bolso. Bajando la escalera, tuvo la sensación de que todos aquellos chicos listos, que estaban poniendo gasolina ellos solitos, la miraban sin pudor. Miraba incluso aquel que estaba allí lejos, lavando el coche con el compresor. Sabía que estaba muy buena, pero ... tanto tanto tantoooooooo?
Semáforo rojo. Y otra vez la sensación de que el tipo del todoterreno de al lado no perdía ojo. Es mas, el conductor también estiraba el cuello. Conclusión... ¡¡¡¡estaba que se salía...!!!! pero por el escote. Solo llevaba abrochados los dos últimos botones de la camisa. (un riesgo de llevar el bolso colgado en bandolera).
Ella que se vuelve y sonríe a los mirones mientras se abrocha. Sonrisa devuelta y “pedazo” de pitada mientras salen del semáforo.
Y la Lola que pregunta:
-- ¿Y que sujetador llevabas? seguro que era de encajes y transparencias...
-- ¡Pues no maja! berenjena con rayas blancas y caqui... ¡¡¡pero es que los hombres se entusiasman con cualquier cosa!!!
-- ¡Ni se te ocurra volver a poner gasolina allí!
Hoy ha vuelto. La chavala de siempre pasaba sus tarjetas y ha surgido de alguna parte el chico rubio. Mientras hablaba con su compañera de asuntos varios, se ha vuelto un momento hacia ella., y con una enorme sonrisa le ha dicho:
-- ¡Hola... no te había reconocido! (seguramente ha omitido intencionadamente decir.... con la camisa abrochada.)
Ella...también ha sonreído muuuy grande.
Moraleja... una puede perder la vergüenza y hasta la decencia, pero LA SONRISA NUNCA.
Otra moraleja... los hombres ven un biquini y no se inmutan, pero si a la misma prenda le cambias el nombre por el de sujetador... ¡ya es otra cosa!

http://lacomunidad.elpais.com/mala/posts/5
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