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miércoles, 30 de junio de 2010

"Vivimos una crisis, pero ya no es de las de pasar hambre"

Hugo F. Sonnenschein, economista; presidente de la Universidad de Chicago


LLUÍS AMIGUET - 30/06/2010


Tengo 70 años: la vida tiene sus ritmos y si los sigues experimentarás todas tus habilidades y debilidades. Nací en Brooklyn: compartíamos váter con vecinos y mi madre murió a los 36 años de tuberculosis. Soy demócrata. Soy judío. He sido premiado por la Fundación BBVA


¿Qué es más urgente, reducir el déficit público o incentivar el crecimiento?


Antes de contestarle, déjeme poner esta crisis en una dimensión humana...


Adelante.


... E histórica... ¿Recuerda usted cómo era España hace 50, 60, 70 años?


...


Yo sí recuerdo cómo era América cuando vivía mi madre y cuando murió, de tuberculosis, a los 36 años... Durante años, mis padres compartieron el váter al aire libre en Brooklyn con otras familias del edificio...


Aquí hace 60 años la mayoría no sabía lo que era un váter.


Pero lo peor era que tal vez algunos sabían que comerían ese día, pero casi nadie estaba seguro de poder comer al siguiente.


Eran otros tiempos, afortunadamente.


Por eso cuando nos piden a los economistas que comparemos esta crisis con la Gran Recesión... Yo empezaría por poner las crisis, más que en cifras, en su dimensión humana.


Tiene razón, profesor.


Y no me dejaría angustiar por los números, sino que miraría a las personas, y esta ya es una crisis de países prósperos. Y si no, fíjese en China, la China de las hambrunas milenarias hoy es ya un país que no pasa hambre.


Nos vende más de lo que nos compra.


E India ha mejorado enormemente, incluso África está despegando y pronto seguirá - si sigue así- el camino de Asia hacia la prosperidad y el fin del hambre.


Buenas, inmensas noticias.


Por eso, más allá de las cifras macroeconómicas, sólo digo que antaño las crisis para la humanidad eran la diferencia entre comer o no comer y, en cambio, esta ya no lo es.


En cada mala noticia siempre hay un buen titular.


Pero... ¡cuidado! Tampoco olvidemos que esta crisis causa paro y sufrimiento a millones de seres humanos, aunque ya no estamos hablando de hambre física.


Es una gran diferencia.


Lo peor es que aumenta las diferencias de riqueza entre ciudadanos. Y eso lo veo en directo: mire, como presidente de la Universidad de Chicago, he tenido que hablar con gente muy rica para pedirle dinero.


Es parte de su trabajo.


... Y me indigna oír cómo se preguntan entre ellos: "¿Cuál es tu número?".


¿A qué se refieren?


Su número es la cantidad de dinero que han acumulado. A menudo, a más número, más estupidez.


Le creo.


Quienes más alardean de su número no suelen distinguirse por su contribución a la comunidad, y eso es ser muy corto de miras.


¿Qué dice su escuela de Chicago: reducir déficit o aumentar inversión pública?


Si ha habido un momento en el que podía ser aconsejable un paquete de estímulo al empleo con inversión pública, es este...


¿Pero...?


Algunos dudan de que los políticos sepan gestionar mejor ese dinero público de estímulo - extraído de los impuestos de los contribuyentes- para crear demanda y empleo que los propios contribuyentes.


Una objeción clásica.


Y debo añadir que la velocidad a la que se incrementa nuestro déficit público y nuestra deuda es alarmante. Y eso es nuevo, porque en cada dólar que aumenta el déficit disminuye nuestra propia soberanía para decidir en qué programas de educación, sanidad o infraestructuras invertimos.


¿Por qué?


Porque hoy la deuda norteamericana ya no está en manos de los norteamericanos: el dinero para pagar la gran deuda de la Segunda Guerra Mundial lo prestaron norteamericanos a otros norteamericanos, que, a su vez, lo devolvieron con sus impuestos cuando retornó el crecimiento económico...


Hoy ese dinero lo prestan los chinos.


Esa deuda se ofrece en los mercados a cambio de intereses y allí la compra quien quiere... ¿Pero qué pasa si un día nadie quiere comprar nuestra deuda o piden por ella un tipo de interés que no podemos pagar?


Aquí conocemos ese feeling.


¿Qué pasaría si un día ofrecemos deuda norteamericana en los mercados y nadie quiere mi un dólar más porque ya hay demasiada?


Ese día nos irá a todos fatal.


Esa dependencia nos resta soberanía. Por eso, hay niveles de déficit y deuda pública aceptables - hasta el 50 por ciento del PIB-, pero si gastamos más y los superamos...


Llega la tragedia griega.


Y me temo que hoy no se puede uno fiar de que ya creceremos y devolveremos el dinero a largo plazo, porque los datos no me permiten esperar grandes crecimientos.


¿Entonces...?


Hay que estimular, sí, pero con un límite en la cantidad y eficiencia en la gestión.


¿Es una observación de la demonizada escuela de Chicago?


Cierta izquierda, es cierto, nos anatemizó sin leernos, pero soy amigo de Roger Myerson, de Becker y de otros premios Nobel de mi departamento y le aseguro que les preocupa tanto crear crecimiento como repartirlo. Y, por cierto, como presidente de la universidad, firmé el contrato del profesor Obama y compartí despacho con Michelle.


Pagaría por oír sus discusiones.


Valen la pena: tenemos 24 profesores - cinco Nobel en activo-, pero el mejor premio son nuestros debates...
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