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martes, 5 de octubre de 2010

Deshojando la margarita de Barcelona



 
Juli Capella Periodista
  Sí, te quiero Barcelona, porque eres una ciudad con personalidad, alma y guapetona. Y porque siempre has estado abierta a la fiesta aun siendo tan trabajadora y responsable. Barcelona, no te quiero, porque te has vuelto muy cara y expulsas a tu gente. Te quiero cuando creces con pausa y armonía, dejando espacios verdes, y no te quiero cuando te apelotonas en desorden a golpe de evento. Te quiero cuando visito tus bibliotecas rebosantes, y disfruto del esforzado fruto de tus artistas en teatros, baretos, museos o calles. Y te odio cuando te da por poner muros, rejas y vallas. Te quiero cuando te pones retos y sueñas y te ríes de los sueños. No te quiero cuando te pones tan presumida y arrogante, ni cuando te empeñas desaforadamente en escalar todos los rankings. Te quiero por tu humanidad, tu humedad y tu ambigüedad, por tus deliciosos rincones oscuros y por esos cruces de calle con rampa tan civilizados e iluminados. No te quiero cuando paseo por la Rambla a trompicones y veo los nuevos chiringuitos tan feos, inútiles y mastodónticos, quitando sitio a la gente y afeándola con fluorescentes. Te quiero cuando mezclas gente y regeneras barrios, cuando paseo por tus barrios y los veo vivos y exigentes. Te quiero cuando aireas y encaras los conflictos y no cuando los encierras y los escondes. Cuando te abres al mar y no cuando luego lo cierras. No te quiero cuando haces una ordenanza absurda, y encima ni siquiera la cumples. Barcelona, sí, te quiero porque aún eres lo suficientemente pequeña para conocerte y lo bastante grande para poder esquivarte. No te quiero cuando haces autobombo en las banderolas. Te quiero más cuando te discutimos que cuando te adulamos.

Querida ciudad de mis amores y desamores, sanamente contradictoria, espasmódica, abierta y cerrada a la vez, cómoda y acomodada. Vivir contigo es un privilegiado sinvivir. Te quiero y te odio. Pero de momento, aquí me quedo y no me cambio.

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