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martes, 25 de enero de 2011

LA FE Y EL SACRIFICIO



 En los últimos tiempos de su vida, Tarkovsky declaraba 
"La fe, es la única cosa que puede salvar al hombre (...) Para mí sólo merece el nombre de creyente aquel que está dispuesto a sacrificarse".

Estoy totalmente de acuerdo con Andrei, pero pienso que la fe es independiente de la religión.  La fe es un acto de afirmación en algo indemostrable e incluso improbable como puede ser la bondad del hombre o la salvación de la humanidad. Un hombre de fe, es aquel que sale cada mañana a buscar trabajo tras años de portazos y negativas, la mujer que engendra una nueva vida a pesar de las dificultades, de la inseguridad y de tener que luchar sola contra el mundo.
La fe no es sinónimo de ingenuidad, el creyente es consciente de las dificultades y de sus carencias y a veces, como Jesús, suda sangre pidiendo que le aparten el cáliz, pero ni lo arroja ni escapa a su destino porque sabe que la huida solo le conduce al vacio.
El creyente es la antítesis del fanático, el creyente duda y hasta vacila, pero sigue adelante porque sabe que su ideal es lo único que posee y por lo único que vale la pena vivir, un hombre sin fe es un muerto en vida.
Suscribo también que solo merece el nombre de creyente aquel que está dispuesto a sacrificarse, pero ¿qué es el sacrificio?. Es muy fácil morir por una causa, lo difícil es ser coherente toda la vida, y en eso consiste el sacrificio. El sacrificio es una acto de amor en el que uno entrega lo mejor de sí mismo, su tiempo, sus energías y sus potencias, en aras de un objetivo superior a su propia existencia. El sacrificio no significa sufrimiento, por el contrario aquel que ofrece todo lo que es, se libera del dolor y del egoísmo, se siente libre y sabe que tiene un objetivo en la vida, nadie es más libre que aquel que no tiene nada que perder porque lo ha entregado todo, la muerte de Jesús en la cruz es tan solo el colofón a una obra, pero en modo alguno la razón en sí misma.
Por fortuna, hay millones de Cristos en la tierra, personas que cada mañana abren los ojos con el único fin de ayudar a los más necesitados, a los débiles, a los oprimidos, millones de héroes anónimos dispuestos a prescindir de los falsos lujos y de las cadenas de oro para alcanzar la verdadera libertad que pasa inexorablemente por vaciarse a sí mismo y llenarse de amor a la humanidad y a la tierra. Quien  como Alexander, ofrece todo lo que es y lo que posee por algo trascendente, no solamente no morirá jamás, si no que habrá encontrado su destino más allá de la estrellas, más allá de la fe, porque habrá entrado en posesión de la verdad.

JUANMAROMO
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