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jueves, 10 de febrero de 2011

LA VIVIENDA ¿UN DERECHO O UN NEGOCIO?



La sociedad se ha basado desde que puede considerarse como tal, en cuatro pilares básicos, la sanidad, la enseñanza, la justicia y la vivienda, y no hablo de la alimentación porque es una necesidad fisiológica ineludible dentro o fuera del ente colectivo.
La democracia española nació tarde y con graves carencias, fue un parto largo y duro que padeció repetidos intentos de aborto y que jamás pudo recuperarse de sus deficiencias. En un principio, se apoyó decididamente la enseñanza y la sanidad pública que en los primeros años vivieron una época de esplendor. Las clases medias llevaban a sus hijos a la escuela  y se daban de baja en las mutualidades para integrarse en la seguridad social, a nadie le avergonzaba no estudiar " en colegios de pago".
 La justicia quedó rezagada, pues sustituir a una clase judicial criada y apoltronada en la dictadura y en la burocracia, era poco menos que imposible, de hecho muchos de aquellos "Pitecántropos" aún pululan en El Constitucional y en El Supremo, pero donde se fracasó rotundamente fue en el tema de la vivienda.
Durante la dictadura, "El patronato de la vivienda" acuciado por las olas migratorias, creó los "barrios dormitorio", auténticas colmenas en las que miles de familias se aglomeraban en pisos baratos y con unos servicios públicos a veces inexistentes, pero que permitieron a la clase trabajadora acceder a una vivienda en propiedad, algo nunca visto hasta entonces. Los pisos de protección oficial y la cajas de ahorro constituyeron la base para que la sociedad española dejara de lado la vivienda de alquiler y se centrara en el mercado de la propiedad, una tendencia que se acentuó en las épocas de euforia en que la propiedad inmobiliaria se convirtió en la mayor fuente especulativa de la historia, en pocos años. el precio de los pisos se multiplicó por cien , y así, propiedades que se compraron por 500.000 Pts se vendían a los treinta años por cincuenta millones enriqueciendo a los especuladores, y dejando fuera del mercado a los jóvenes que no podían afrontar precios tan elevados, pero el Euro vino a echar una mano. La bajada de tipos hizo posible en endeudamiento a intereses negativos, los precios desorbitados se capearon momentáneamente con hipotecas vitalicias, y para acabar de dorar la píldora la hipotecas se concedían hasta por un 120% del valor de tasación, era el país de Jauja.
Los ayuntamientos se financiaban multiplicando el precio del suelo, las inmobiliarias se enriquecían subiendo los precios vertiginosamente y los banqueros se forraban con las comisiones de unas hipotecas que en poco tiempo se convirtieron  en bonos basura, y mientras tanto, ¿qué hacia el ciudadano mientras tanto?.
Pues el ciudadano se creía todo lo que le contaban, su piso valía una millonada, le ofrecían renegociar sus deudas para poder disponer de más efectivo para el consumo, y él gastaba y gastaba, nunca había tenido acceso a cruceros, coches de importación y hoteles de lujo, España iba de puta madre.
El final del cuento ya lo conocemos, pero la reflexión es la siguiente. Si el estado hubiera hecho los deberes en el tema de la vivienda esto no hubiera ocurrido, si se hubiera fomentado el alquiler como en el resto del mundo occidental, si los poderes públicos hubieran contenido el precio de los terrenos y si las cajas de ahorro hubieran continuado su obra social de la vivienda en lugar de destinar los recursos al mercado hipotecario, los precios se hubieran contenido y la burbuja no se hubiera generado. 
El mal está hecho y lo peor es que ni el estado ni los ciudadanos hemos aprendido la lección, porque en el fondo todos nos creemos unos genios de las finanzas aunque nuestro piso valga ahora la mitad de cuando lo compramos y nuestro paquete de acciones sea poco menos que un fajo de papel mojado.

 JUANMAROMO
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