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martes, 19 de abril de 2011

MARTES DE LIBROS


 
 
Emma Riverola Escritora
  Cuando la asistencia social le envió a aquella marroquí, protestó. No en voz alta, pero durante los primeros días le regaló todo el malhumor acumulado. Ella le advirtió de que los días festivos no podía atenderle, tenía que cuidar de su hijo. Él ni le respondió. Mejor, pensó, así me pondrán a otra. Pero un día ella le preparó una sopa que le recordaba a la de su madre y, entre cucharadas, la dureza se fue derritiendo. Empezó a hablarle. Y ella le escuchó. Con el tiempo, él también quiso escucharla y se acostumbró a tener a alguien con quien conversar. Se acercaban las vacaciones de Semana Santa y él no quería pasar una semana sin ella. Puedes venir con tu hijo, le dijo al fin.
Cuando lo vio, se arrepintió. El crío era más pequeño de lo que pensaba. Temió que empezara a correr o a chillar por toda la casa. Pero el niño no decía nada. Tan solo le seguía a todos lados y no dejaba de observarle. Sus ojos parecían dos bocas con hambre. Tiene cara de espabilado, pensó. Pero no sabía qué decirle ni cómo hablarle. Así que se acercó a la librería y eligió el libro preferido de su infancia. Se sentó en su butaca y empezó a leer La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. Al instante, el pequeño se sentó en el suelo a escucharle. El viernes cayó la última línea. El anciano miró al niño de ojos insaciables, cerró el libro y se lo regaló. Mañana es Sant Jordi, le dijo. Y el crío sonrió con avidez.
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