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miércoles, 21 de septiembre de 2011

LA JUNGLA DEL PARQUET




Ya no es que llueva sobre mojado, es "El rayo que no cesa". Hace unos meses fue Roche, después Telefónica y ahora Pficer, tres empresas con beneficios multimillonarios que despiden a miles de trabajadores con la única justificación de que no ganan tanto dinero como antes.
No habían hecho creer que estábamos en una "Economía social de mercado", pero la cruda verdad es que estamos en la jungla del parket, una selva donde no hay lugar para los débiles, para los honrados ni para los justos. Los gobiernos de cualquier ideología se ven impotentes para frenar esta ola de despidos que amenaza con crear una revuelta social de consecuencias imprevisibles. Los estados, endeudados hasta las cejas por una gestión nefasta de la era del boom, ahora se ven en la obligación de mendigar financiación a los mercados, y estos aprietan las tuercas hasta la asfixia.
El capital emigra a paraísos fiscales, las multinacionales a paraísos laborales y la vieja Europa tiene que desmantelar un estado de bienestar que costó un siglo levantar y que fue ejemplo y orgullo para el mundo. La empresas europeas no pueden competir contra unos sistemas de producción sin seguridad social, sin vacaciones ni derechos laborales donde la esclavitud es una forma de producción, unas zapatillas cuyo coste en origen es de tres euros, nos la venden por cien y nosotros las compramos y hacemos publicidad de sus logo.
Las inmensas sumas de dinero acumuladas durante la burbuja yacen sepultadas en las torres de babel de Dubai, o en los bunkers de las Islas Caiman esperando nuevas oportunidades, mientras los bancos restringen el crédito a las pymes generando una ola de quiebras que amenaza con hundir el sistema.
Ningún organismo puede crecer indefinidamente, un sistema económico basado en el crecimiento perpetuo y desmedido, no solo está condenado al fracaso sino que puede acabar con todos los recursos del planeta y dejar un erial para nuestros nietos.
O somos capaces de estabilizar el sistema y lograr un distribución del trabajo y de la riqueza, o esta sociedad injusta y cainita tiene los días contados, y con ella la mayoría de nosotros.

JUANMAROMO
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