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viernes, 25 de mayo de 2012

EL APARCAMIENTO




Llegaba con el tiempo justo, entré por la rampa a toda velocidad y a poco me cargo la barrera del peaje, aparqué en el primer hueco y subí escaleras arriba sin fijarme donde había estacionado. El centro comercial era gigantesco, anduve millas hasta encontrar la tienda, ya estaban cerrando pero conseguí comprar ese disco que tanto me obsesionaba desde que lo escuche en la radio.
La luces empezaban a apagarse y las escaleras mecánicas de detuvieron, los altavoces avisaban del cierre inmediato del centro. Bajé hacia el parking a la carrera, los coches desfilaban como una cabalgata hacia la salida y ya quedaban pocos en los aparcamientos.
Intenté orientarme, pero no tenía ni idea de donde había dejado el vehículo, la planta semi vacía parecía una catedral abandonada, poco a poco los coches fueron desapareciendo y solo me guiaba por las luces de emergencia. Caminé y caminé sin encontrar nada más que sombras, para colmo, no tenia cobertura y el móvil resultaba inservible.
De repente se apagaron los pilotos y todo quedó sumido en las tinieblas, saqué el smartphone y al menos me sirvió de linterna... hasta que se agotó la batería.
Llevo horas deambulando como alma en pena, tan solo se escuchan lamentos sumergidos que no consigo identificar, la pila de la llave se ha agotado de tanto intentar localizar el coche pero de nada ha servido.
Tengo frio, he intentado encontrar una escapatoria pero todo está cerrado, me parece estar prisionero en un juego infernal en el que soy el único protagonista, el cansancio me ahoga y la sed me abrasa la garganta.
Me he sentado junto a una papelera donde he encontrado un trozo de hamburguesa pétreo que he deborado con ansia, tengo hambre, pero una sensación se hace cada vez más agobiante y se impone sobre todas las demás. El miedo está empezando a dominarme, ya veo sombras amenazadoras que profieren lamentos dantescos, ojos minúsculos inyectados en sangre, aullidos que brotan de los recovecos donde las ratas parecen formar sus legiones. 
Intento no dormir, se que en cuanto caiga rendido me devorarán, pero los ojos se apagan y el cuerpo empieza  a desaparecer de mi cerebro, quizás mañana haya desaparecido del todo.

 Jose Luis Posa
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