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martes, 24 de julio de 2012

EL DESTINO Y LA PARADOJA




Si construyéramos un súper ordenador, le programáramos un software de acuerdo a sus posibilidades y le introdujéramos todos los datos precisos, sería capaz de vaticinar el futuro como una pitonisa infalible. Lo que llamamos destino, es la senda trazada por nuestro ADN, nuestra cuna, y las circunstancias que marcarán nuestra singladura, pero de una u otra forma todo está escrito dentro de nosotros mismos. La historia avanza en espiral, volvemos a pasar por el mismo punto, pero a diferente altura, son como capas de una cebolla infinita que crece inexorablemente sobre si misma, las personas y las circunstancias desnudas de las vestimentas de época serian exactamente las mismas. 
Muchas veces escucho gente jactándose de su fuerza de voluntad, de su capacidad de lucha y mostrando desprecio por aquellos que arrojan la toalla o se quedan tirados en el camino, estas personas no entienden que esa capacidad de lucha les venía dada en el paquete genético junto a su inteligencia o su propensión a vicios y enfermedades, además hay que contar con un factor determinante que es el entorno en el que nos criamos y nos educamos, la mejor de las semillas se pudrirá si cae en un terreno pedregoso o si tras germinar es víctima de la cizaña.
En una sociedad cada vez más competitiva, las clases sociales han retrocedido a la época de las castas, la cuna tiene una importancia decisiva, y el poder está en manos de los hijos y los nietos de los de siempre, la prueba más sangrante la tenemos en políticos y empresarios que de haber nacido en otra esfera social no llegarían ni a palanganeros.
No soy determinista, y creo en la libertad del hombre para elegir su camino, pero de una u otra forma también opino que nuestras decisiones son previsibles y condicionadas por un cúmulo de factores que nos acotan la senda. Es como si desde una atalaya viésemos a dos vehículos que van a colisionar en el próximo cruce, ninguno de ellos es consciente de la tragedia y sin embargo para el observador es inevitable, son las paradojas de la vida, esas paradojas que lo son porque aun no tenemos ni el ordenador ni el software para poder descifrarlas.
JUANMAROMO
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