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sábado, 5 de enero de 2013

AUTOPISTA HACIA EL CIELO


La vida es como un largo viaje en automóvil, lo primero debes tener muy claro a donde te diriges, cual es el potencial de tu vehículo y la carretera por la que transitas. Una vez fijado tu destino debes elegir la ruta y las prioridades, puedes optar por circular en autopista a gran velocidad o elegir una carretera secundaria más lenta pero salpicada de hermosos paisajes, puedes descansar periódicamente o conducir temerariamente de día y de noche con tal de llegar lo antes posible. Es imprescindible adaptar tu recorrido a las condiciones de tu coche, jamás será lo mismo conducir un utilitario que una berlina de lujo, un cuatro por cuatro que un deportivo de élite, además deberás adaptar tu conducción a las condiciones atmosféricas y de la carretera transitada, la nieve, el hielo y los vientos huracanados intentarán arrojarte a la cuneta y un firme en mal estado requerirá toda tu atención para no destrozar tu rodadura. A veces puedes creer que todo está perdido, que los hielos lo cubren todo y que ni los faros de xenón  te permiten ver el futuro pero quizás todo sea tan simple como detenerte y limpiar el parabrisas de fango, hielo y suciedad para verlo todo más claro.
Si viajas solo, puedes decidir la ruta, buscar atajos o recoger autoestopistas, podrás parar donde apetezcas y arriesgarte e conducir como un suicida, pero si viajas en pareja   deberás tener en cuenta la opinión y el bienestar de tu compañera, déjale tomar el volante y descansa mientras ella continua la ruta, no le impongas tu ritmo y negocia trayectos y descansos y sobre todo asegúrate que los dos queréis llegar al mismo destino, de lo contrario, un día escucharás un portazo y te quedarás solo al volante de la vida sin que puedas volver a recuperarla, y nada hay peor que un viaje interminable cambiando continuamente de pasajero y con el riesgo de acabar encerrado para siempre en tu propia cabina.
En el viaje de nuestra existencia lo importante es saber distinguir entre una etapa y una meta y sobre todo tener muy claro que lo verdaderamente importante no es alcanzar tu destino, porque es inevitable si no hacer que el trayecto sea lo más hermoso posible, saber disfrutar de cada jornada como si fuera la última singladura y cuidar ese vehículo al que llamamos cuerpo, porque una vez fuera de servicio habremos alcanzado el fin de trayecto sin que nadie nos pueda prestar el suyo.
JUANMAROMO 
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