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domingo, 1 de diciembre de 2013

¿SOLDADOS O MERCENARIOS?


 
Digo lo que pienso, pero antes pienso lo que digo, por eso puedo expresar mis opiniones con el convencimiento de que podre defenderlas y de que no son fruto de una obcecación o del fanatismo. Cuando hace unos años se profesionalizó totalmente el ejército, la mayoría aplaudimos porque pensamos que era la liberación de la juventud de un servicio esclavista e injusto pero la verdad no siempre es lo que más brilla. Hasta la instauración del servicio militar obligatorio, los ejércitos eran mercenarios, combatían por un sueldo, o lo que es peor, por el botín de los saqueos y estaban compuestos mayoritariamente por criminales y prófugos a los que se les daba protección y trabajo. Cuando el servicio se hizo obligatorio, el pueblo dejó de ser sujeto paciente de la defensa para convertirse en protagonista con todos sus derechos y obligaciones, y el ejercito dejó de ser un refugio de bandidos para convertirse en un derecho y un deber como ciudadanos. España, por culpa de la dictadura, fue la excepción y las fuerzas armada continuaron siendo un refugio de fascistas en donde el soldado era poco menos que un esclavo sin derechos ni dignidad, lo que dio en llamarse, carne de cañón.
La profesionalización de las fuerzas armadas se nos vendió como un avance, pero en realidad ha sido un retroceso social y humanitario. ¿Que es lo que diferencia a un soldado profesional de un mercenario?, teóricamente, el soldado profesional defiende a un país y a un pueblo, pero no nos engañemos, todas las guerras se desencadenan por intereses económicos y los soldados no mata y mueren por unos ideales de justicia si no por los intereses de las multinacionales y lo países imperialistas, por lo tanto, el soldado profesional acaba siendo un mercenario low cost amparado por una bandera y unos ideales falsos y panfletarios.
Algunos defienden el ejército profesional como un puesto de trabajo equiparable a cualquier otro, pero si justificamos la disposición a morir y a matas por un salario, estamos justificando también a los sicarios y los matones a sueldo, la obediencia ciega, el deber descerebrado y la muerte como forma de vida no tienen más justificación que la crueldad de la guerra por si misma.
Si nadie se presentara a la llamada de la leva, serian los capitalistas y banqueros los que tendrían que empuñar las armas para defender sus intereses, y entonces, podemos dar por seguro, que la paz reinaría en el mundo.

JUANMAROMO
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