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jueves, 6 de marzo de 2014

MENS SANA IN CORPORE SANO

Hay dos profesiones sagradas que han degenerado con los siglos, la medicina y el sacerdocio. El médico cuidaba la salud del cuerpo y el sacerdote velaba por la salud del alma, Jesús, sanador y sacerdote tenia bien claro que para curar el cuerpo había que sanar el alma, no curaba con medicinas ni mixturas, imponía la manos, miraba a los ojos y purificaba con la palabra..."Tu fe te ha salvado". Pasaron los siglos y ambos se fueron separando, los médicos se endiosaron creyéndose sabios, y los sacerdotes arrastraron sus miserias por el fango del mundo, el hombre quedó indefenso ante la enfermedad.
El pecado es la enfermedad del alma, pero no el pecado en la concepción religiosa si no como atentado contra el equilibrio vital y emocional, los odios, los rencores, los disgustos, son los cánceres del alma, y ese cáncer se extiende por el cuerpo destruyendo las defensas, alterando los sentidos y extendiendo el dolor y el sufrimiento en una metástasis mortal, los pecados capitales del alma acaban siendo los torturadores del cuerpo.
Los médicos se han olvidado de que somos cuerpo y alma en un solo ser y que su labor no es declarar la guerra a la enfermedad si no recuperar el equilibrio y potenciar las defensas para que el organismo se recupere por si mismo, los sacerdotes han devenido en inquisidores que en lugar de perdón promulgan condenas, que no dudan en violar las leyes naturales con tal de mantener su poder sobre los hombres de buena voluntad.
Hora es de recuperar los valores eternos, la paz del alma es la salud del cuerpo, si no recobramos el equilibrio, cada vez habrá más enfermedad y más sufrimiento, solo el amor, la compasión y la generosidad podrán devolvernos la paz, pero esas medicinas, no se venden en botica, se cultivan en los vergeles del corazón.
JUANMAROMO
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