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jueves, 18 de septiembre de 2014

LA PLAGA QUE NO CESA

Hace unos días mantuve una ardua discusión con un médico sobre el estado de la medicina actual, el galeno me echaba en cara mis ataques en contra del sistema arguyendo que nunca se había vivido tantos años y con una calidad de vida tan elevada, que las pestes, cóleras y gripes que mataban a millones de personas se habían exterminado y que era imposible alimentar a diez mil millones de habitantes sin recurrir a la agricultura intensiva, a los pesticidas y a los transgénicos, que no sabíamos lo que queríamos y que el caso era protestar para buscar protagonismo.
Pieza por pieza fui desmontando sus argumentos, hasta que al fin tuvo que reconocer a regañadientes que las cosas se podían haber hecho mejor.
Es cierto que la esperanza de vida es mucho más elevada que hace un siglo, pero no tanto porque los adultos vivan más años, si no porque la mortalidad infantil ha descendido a mínimos, pero la calidad de vida de nuestros mayores marginados en residencias y medicados hasta dejarles en estado vegetativo no es como para enorgullecerse.
Es cierto que se han erradicado la peste, la tuberculosis, o el cólera, pero a cambio hemos engendrado el cáncer, el sida, el ébola o la ingente cantidad de enfermedades autoinmunes que afectan a cientos de millones en todo el mundo, es cierto que la industria farmacéutica a salvado millones de vidas, pero a cambio a transformado en enfermos crónicos a media humanidad.
En cuanto a la falacia de la agricultura intensiva, no hay nada más que ver los millones de hectáreas dedicadas al maíz transgénico para producir biocombustibles y no alimentos, a los millones de personas que padecen alergias, diabetes o intolerancias alimenticias por culpa de la manipulación genética y química de los alimentos, por no hablar de las granjas donde se "fabrica" carne de pollo o de vacuno criada a base de antibióticos y hormonas, las multinacionales alimentarias, como las farmacéuticas, no buscan el bienestar de la humanidad si no acrecentar su cuenta de resultados aun a costa de la salud de la humanidad.
Es una pena que pudiendo disfrutar de una sociedad más justa e igualitaria, que pudiendo gozar de una buena calidad de vida, los intereses de las multinacionales nos hayan condenado a la enfermedad y a la miseria. En Este ultimo siglo, la tarta se ha multiplicado por mil, pero ellos se han quedado con el noventa por ciento del pastel.
JUANMAROMO
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