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jueves, 4 de diciembre de 2014

LA FIBROMIALGIA Y EL SINDROME DE ESTOCOLMO


Hay enfermos que no quieren curarse. Aunque parezca imposible, miles de pacientes no hacen nada por recuperar la salud en las mal llamadas enfermedades crónicas, entran en una espiral autodestructiva a base medicaciones masivas que acaban arrasando su organismo y su mente.
Hay personas que utilizan la enfermedad como coartada, se liberan de sus obligaciones laborales, sociales y familiares y se encierran en si mismas rodeándose de autocompasión y arrojando balones fuera cuando se trata de aceptar la propia responsabilidad, estos enfermos acaban estableciendo con sus dolencias una relación de amor-odio muy parecida a lo que se conoce como "síndrome de Estocolmo".
Los pacientes con cargas familiares inapelables, como madres trabajadoras que necesitan inexcusablemente su sueldo, personas sin ningún tipo de soporte económico o enfermos con hipotecas o deudas a largo plazo, no tienen más remedio que seguir adelante ante la dificultad de que el INSS les conceda una incapacidad, sobreviviendo a basa de bajas, o excedencias, pero muchos de los que consiguieron una pensión o se refugian en el seno de una familia protectora, arrojan la toalla y dejan de luchar por recuperar la salud y la autoestima. Admiro a las personas que luchan, que caen y se levantan, a las que jamás arrojan la toalla, a las que aceptan pero jamás se resignan; respeto a las que esperan que les salve la campana, pero deben entender que tienen el combate perdido.
Las enfermedades de sensibilidad central, no solo arrasan el cuerpo, también acaban enfermando el alma, y este es quizás el más terrible de sus efectos.

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