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viernes, 8 de mayo de 2015

LA PARÁBOLA DE LOS LABRADORES


  
Érase una vez dos labradores, ambos tenían campos de trigo, pero uno los cuidaba con amor y dedicación y el otro los dejaba de la mano del creador. Un año llego una plaga de cizaña, el buen labrador siguió cuidando su mies, la abonaba y la protegia, arrancó las malas hiervas y logró tras muchos esfuerzos salvar su cosecha.
El díscolo  dejó que la maleza invadiera sus campos, cuando vio que ya no podía con ella prendió fuego a la mies y dejó sus tierras en barbecho, cuando vio las espigas de su vecino rebosantes de grano pensó ¡este ha hecho un pacto con el diablo, nadie puede vencer una plaga de cizaña! y le denunció al sanedrín.

Lo mismo sucede con las enfermedades, hay quienes se cuidan y mantienen su cuerpo bien alimentado y protegido, cuando les asalta una enfermedad, en lugar de quemar la cosecha con medicación venenosa y agresiva, la vigilan, le proporcionan la protección de la medicina natural y dan tiempo al tiempo para que sigla su ciclo. Cuando llega la cosecha, los primeros recogen salud y calidad de vida mientras los segundos se encuentran con un organismo erosionado y sin defensas y una enfermedad irreversible   , entonces, estos, se consuelan diciendo ¡Es que mi vecino no tenia la misma enfermedad, por eso él se ha curado y yo estoy al borde de la muerte!

No hay enfermedades, hay enfermos y cada uno de nosotros somos responsables del cuidado y la defensa de nuestra salud, somos tan ciegos que preferimos creer que nuestra enfermedad no tiene curación en lugar de aceptar que no hemos seguido el tratamiento correcto y enmendarlo antes de que sea demasiado tarde, no hay enfermedades incurables, hay enfermos que no se saben curar.

JUANMAROMO
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