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martes, 17 de abril de 2018

METAMORFOSIS


Hace mas de medio siglo que entramos en la era del arte en conserva. Hasta la invención del gramófono, solo la literatura podía reproducirse y compartirse por medios físicos, los músicos debían interpretar sus partituras en directo, los actores, interpretar sobre un escenario y los pintores, exponer sus obras en un museo, pero la tecnología llegó para trastocarlo todo. 
Primero fue el cine, ya no era necesario asistir a un teatro para disfrutar de una sesión única e irrepetible, el invento de los hermanos Lumiere nos permitió visualizar una  representación en cualquier parte del mundo y con unas posibilidades muy superiores a la del teatro clásico. Mas tarde fue el microsurco, por primera vez, una sinfonía podía escucharse en alta fidelidad sin necesidad de estar en un auditorio, la radio ponía la música en nuestros hogares y las gramolas y tocadiscos, nos permitían almacenar nuestra música favorita y reproducirla a discreción. El siguiente paso fue el vídeo, el cine en casa; convertir nuestro hogar en un teatro  o en una sala de cine con solo apretar un botón, pero las carencias del sistema en cuanto a definición, sonoridad y tamaño de pantalla lo dejaban como un sucedáneo... hasta que aparecieron los formatos digitales y las pantallas planas de gran formato, Farenheit 451 comenzaba a tomar vida. 
Las estanterías se vaciaron, ya nadie quería la casa atiborrada de libros, discos o películas, El Gran Hermano Internet, nos proveía de todo tipo de contenidos por un módico precio y de una forma inmediata, pero el precio a pagar ha sido desmesurado.
Con cada cambio de sistema, miles de álbumes, películas y libros, han desaparecido para siempre de "la nube" y solo los coleccionistas conservan como oro en paño esos tesoros que han sido arrojados a la hoguera por el gran censor, sea político o económico, mientras los medios audiovisuales, hábilmente dirigidos por los neocom, se dedican a idiotizar a la población y a engendrar analfabetos funcionales que tienen a su alcance terabytes de información, pero son incapaces de interpretarla. Orwell nos habló de 1984, se equivocó de fecha, pero su "Animal Farm" y sus cerdos se han hecho los dueños del panorama cultural e intelectual. Los altares se han transformado en pantallas, pero en ellos seguimos sacrificando nuestra educación, nuestra felicidad y nuestra vida, mientras los dioses nos mean encima y nos dicen que llueve.
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