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lunes, 28 de diciembre de 2009

PIDO LA PAZ Y LA PALABRA

En estas fiestas se habla mucho de compartir, compartimos regalos, felicitaciones, buenos deseos pero hay algo que se nos resiste, algo que nos cuesta compartir incluso más que el dinero. Las ideas.
Si partimos del axioma de que nadie posee la verdad absoluta, cualquier intercambio de opiniones debe ser positivo. Hasta el que creemos ignorante tiene mucho que enseñarnos, cerrarnos a la opinión ajena es un error que acabamos pagando caro.
A veces, nuestra soberbia nos impide reconocer los propios errores. La mayoría de la veces, nuestros diálogos son puros monólogos, porque en vez de escuchar a nuestro interlocutor, empleamos ese tiempo en preparar la respuesta, como si de una batalla se tratara. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de mantener una conversación civilizada con un contertulio de opciones políticas o religiosas opuestas?, ¿Cuántos somos los suficientemente objetivos para reconocer los aciertos de los rivales y los fallos de nuestros simpatizantes?.
Me gusta conversar con personas de creencias e ideologías distintas a las mías, dialogar con personas afines acaba siendo aburrido, una especie de incesto ideológico que no aporta nada interesante.
La polémica es sana siempre que se guarde el respeto y la atención a las ideas del oponente, ¡Cuantas rupturas, cuantas guerras se hubieran evitado si la negociación hubiera estado en manos de personas de mentalidad abierta capaces de aceptar y aprender de las verdades del contrario!. Es realmente preocupante escuchar a personas de alto nivel cultural y vastísimos conocimientos, descalificar e insultar sistemáticamente a todos aquellos que no comulguen con sus ruedas de molino
Por desgracia, la crispación y la frustración creciente hace cada día más difícil el dialogo, no hay nada más que escuchar a los contertulios radiofónicos o televisivos, que parecen asistir a un mitin como protagonistas estelares, o leer esos foros que criminalizan al rival, tachándoles de nazis y asesinos, cuando esa misma postura está muy cerca del fascismo puro y duro.
Cuando me obceco en una discusión, siempre recuerdo la frase de Voltaire. “No estoy de acuerdo con sus ideas, pero moriría por defender su derecho a expresarlas”.
Como nos recuerda Galeano en su célebre relato, todos los males de la humanidad desde el Génesis, tienen su origen en que dios, no se supo expresar, y el hombre, no supo entender.



JUANMAROMO